En pos de un rey metafórico

A Fernando Pérez Melo
ÍNDICE
Prefacio
Capítulo
1 En pos de un rey metafórico
Capítulo
2 Qué hacer después de la derrota
Capítulo
3 Qué hacer en caso de trastorno mental
El consejo de Morphy
¿Gran ramera o madre acogedora?
Índice de partidas
¿Pero no se comente una falta de empequeñecimiento humillante con sólo tildar de juego al ajedrez? ¿No es también una ciencia, una técnica... estéril; un pensar que no conduce a nada; una matemática que nada soluciona; un arte sin obras; una arquitectura sin sustancia?
Zweig
No hay espectáculo más horrible ni más brutal que ver dos seres que se odian frente a frente y en silencio.
Vicente Huidobro
Mi nivel de juego está muy por encime de mis resultados.
Muchos ajedrecistas
Prefacio
El segundo capítulo es iconoclasta. En pocas páginas trato de mostrar que los
tratados de ajedrez son malos por no fijarse en la causa básica y fundamental
de que algunos jueguen mejor que otros: el diferencial desarrollo neurológico
en ciertas áreas entre personas. También
aventuro un programa que considero útil para enfrentar las emociones no sólo en
la derrota, sino para que el jugador medio entienda y acepte el nivel de la su
fuerza ajedrecística.
Hasta acá me refiero a la parte luminosa, aunque a veces no
tan luminosa, del juego. Pero lo que
justifica el riesgo de haberme acercado a un tablero es sacar a la luz pública
la parte oscura del ajedrez, o hablando con propiedad: la parte oscura de los
jugadores de ajedrez (Rafael me ha señalado la diferencia entre ajedrecista,
el profesional que vive del juego, y el jugador de ajedrez o aficionado
común). Parece mentira que, por siglos,
los comentaristas, críticos y teóricos del ajedrez hayan eludido el tema de las
tragedias personales que han orillado a algunos a buscar consuelo en el juego;
tragedias que han devastado la cordura de los maestros e incluso campeones
mundiales. Esta obcecación ha existido
desde el tratado de 1620 de Gioacchino Greco, considerado el primer profesional
de ajedrez, hasta la reciente obra de Kasparov sobre sus "grandes
predecesores". El lema del jugador de
mesa empedernido parece ser:
Elude el Conocimiento de Ti Mismo
Evita ajustar cuentas con el aguijón existencial que
te hizo buscar consuelo en una actividad tan evasiva de las exigencias de la
vida como el juego de ajedrez.
La vida se nos ha ido a muchos jugadores en esta actividad. Emanuel
Lasker, campeón del mundo de 1894 a 1921, escribió: "No importaría el tiempo
que se pierde en el ajedrez si no fuera un síntoma de una enfermedad que ha
llegado a nuestra cultura". Y del
jugador de ajedrez dijo: "En la vida todos somos chambones". El mismo maestro Alejandro Báez, el mexicano
erudito en ajedrez, solía decir que este juego es refugio de
fracasados. Pero ya desde el siglo XVII
un eclesiástico denostaba al juego en su tratado Las perfidias del ajedrez: "Es un gran dilapidador del tiempo. ¡Cuántas horas preciosas que nunca volverán he perdido pródigamente en este
juego!"
Dilapidar las mejores primaveras que nos ha dado la
vida es una actividad que debe investigarse.
Como dijo Silvano Arieti, para entender los desajustes mentales es
pertinente entender el caso más grave de desajuste: la locura. Y entre ajedrecistas es común cruzar la línea
del simple vicio a la locura. En el
tercer capítulo rompo con el mayor tabú no sólo en la comunidad de jugadores,
sino en la humanidad en general. Hablo
de la causa de los trastornos mentales y qué podemos hacer cuando un ser
querido, jugador o no, sufre una crisis psicótica. El destino de Carlos Torre, el mejor
ajedrecista que ha nacido en México, me sirve de paradigma para señalar lo que
jamás debemos hacer cuando un familiar sufre una crisis: recurrir al siquiatra.
Después del último capítulo dos apéndices
contradictorios entre sí apostillan lo que pienso del juego.
Colonia Narvarte, septiembre de 2004
(corregido y actualizado en 2007)
Al principio
de la lucha ajedrecística se debe aspirar a ganar espacio y material; pero
todos los esfuerzos se dirigen, en el fondo, a la consecución del mate, a la
idea de capturar la pieza enemiga más importante. Y no importa lo altos que sean los
sacrificios de material, espacio y tiempo necesarios para obtener dicho
objetivo. Por eso el ajedrez es tan
útil, por eso resulta tan atrayente; porque evoca (a veces de manera
inconsciente) la aspiración del hombre a un ideal, la alegría de sacrificarse
por una idea.
|
Z |
weig no estaría de acuerdo con Alekhine, quien fuera
campeón del mundo de 1927 hasta su muerte.
En su novelette Una
partida de ajedrez ve las cosas de manera inversa al epígrafe de Alekhine,
y no resisto la tentación de citarlo una vez más: "Cuán
difícil y aun imposible resulta imaginarse la vida de un hombre intelectualmente
activo para quien el mundo se reduce de un modo exclusivo a la estrecha vía
entre blanco y negro. . . ; un hombre, un ente espiritual que, sin volverse
demente, dedica en el transcurso de diez, de veinte, de treinta y aún de
cuarenta años, una y otra vez, toda la elasticidad de su pensar al ridículo
afán de perseguir un rey de madera sobre un tablero de madera".
Zweig tenía razón.
La vida del ajedrecista común rebasa la mera intoxicación del juego: es
un encierro en una concha de caracol que debe tener motivos recónditos no
entendidos por los ajedrecistas mismos.
Pero para desentrañar esos motivos no tengo más remedio que analizarme a
mí y a mis rivales comenzando por algunas de las partidas que he jugado. Este librito no sólo está escrito para el
aficionado. Si el lector no es jugador
de ajedrez puede ignorar la anotación algebraica de las partidas que aparecen
en este capítulo y leer exclusivamente mis comentarios literarios.
Se me dirá que se aprenderá muy poco estudiando mis
partidas o las de cualquier otro jugador que no sea un GM: un Gran Maestro del
tablero. Dudo que eso sea verdad. Las derrotas que nos causan humillación las
experimentamos todos: campeones, maestros, jugadores del club y aficionados
comunes; y la mejor terapia, tanto para el profesional como para el amateur es
meditar, y eventualmente escribir, sobre lo que nos ha lastimado.
Presento tres partidas que jugué con
seres humanos; una que jugué con mi computadora, y otra que dos que mis viejos
amigos jugaron hace mucho entre ellos.
Respecto a las que jugué con humanos, los aficionados sabemos que cae
muy gordo que un no GM publique sus victorias, y confieso que lo hago con
rubor. Pero no es el contenido
ajedrecístico de esas partidas, sino el psicológico, lo que me atañe; y no
puedo escribir un testimonio confesional sobre una mente ajena. Sí puedo, en cambio, hablar de mí mismo: de
mis emociones y sufrimientos durante esas partidas.
Las papeletas de las partidas que jugué en los torneos
durante mi adolescencia y veintes se han perdido. En esa época cruzaba por una gran tormenta
familiar y me deshice tanto de mi biblioteca de ajedrez como de mi equipo: una
historia que he escuchado de otros jóvenes.
Fue precisamente debido a los problemas en el hogar por lo que, como
muchos otros, me refugié en las faldas de Caissa. No conservé mis partidas juveniles de los
torneos, cuando realmente me enamoré de la diosa del ajedrez, por la sencilla
razón de que mis problemas familiares ahogaban todo interés de conservarlas. Dos de las partidas recogidas aquí las jugué a mis treintas, cuando la tormenta familiar había
pasado.
Mi propuesta en este capítulo es invitar al jugador a
hablar de sus emociones a través de sus propias partidas. El aficionado podrá jugar con mucho más
confianza después de analizar formalmente esas emociones, de conocerse un poco
mejor. Es una terapia no sólo
sobre nuestras derrotas y descalabros: también tenemos que explicarnos por qué
algunos jugadores de ajedrez sufrimos tanto al arrancarle al oponente una
victoria.
Las causas por las que el ajedrecista sufre son
complejas. Al carecer de
toda endospección o insight
Carlos Torre estropeó su carrera ajedrecística apenas iniciada. Lo que muchos ajedrecistas profesionales y
aficionados comunes evaden es el conocimiento de cómo fueron tratados de chicos y se refugian en Caissa como lo
hice de adolescente.
Apenas se ha intentado escribir sobre la psicología
del jugador de ajedrez desde las vivencias internas de un aficionado. Y menos aún se ha tratado de explicar la
causa de la intoxicación del juego en base a las experiencias en la infancia
haciendo a un lado las sofisterías sobre la mente humana que se pusieron de
moda el siglo pasado y continúan en el presente. De los aficionados que conozco nadie toma en
serio, por ejemplo, el estudio del psicoanalista Reuben Fine, Psicología del jugador de ajedrez. Fine alega que el simbolismo fálico del juego
es patente: que el rey representa al pene; el mate, a la castración, y otras
sublimes tonterías. El mismo Ernest
Jones, el acólito más ortodoxo de Freud y un gran aficionado al ajedrez,
especula estúpidamente sobre "la madre y el pene paterno" al abordar el simple
hecho del cambio de la figura del gran visir en reina cuando el juego se
transformó en su paso del mundo árabe a occidente.
Es con el deseo de mostrar al jugador desde adentro,
más que desde teorías analíticas de nulo valor, por lo que presento mis
confesiones íntimas, así como algunas observaciones sobre mis oponentes.
1 César -
Marco
El
parque que me acogió
Esta partida fue jugada en un lugar que me evoca gran nostalgia: un
parque donde jugaba ajedrez en la Colonia del Valle de la Ciudad de México. Este parque me acogió en mi adolescencia
cuando huí de una familia y escuela en extremo abusivas; y era un lugar
distinto a los parques públicos donde solía refugiarse el lumpen
marginado a jugar ajedrez y dominó.
Cierto que al ser repudiado por mis padres me encontré tan marginado
como ellos, pero en el Parque de Las Arboledas se respiraba un nivel cultural
muy distinto del de las carpas de la perdición que pululaban en el centro de
México. Fue ahí, en ese entonces
despejado parque lejos de la plebe, donde realmente aprendí a jugar al ajedrez.
PARTIDA
AMISTOSA
Parque
de Las Arboledas
DEFENSA DE LOS DOS CABALLOS
1 e4 e5
2 Ac4
Esta era mi jugada favorita en el parque. Gané innumerables partidas con 1 P4R, P4R; 2
A4A, como se decía entonces. La idea no
era jugar la Apertura de Alfil, sino hacer pedazos a mis amigos en la
trasposición a la Defensa de los Dos Caballos, cuya teoría muy pocos conocían. En esta partida Marco jugó bien y salió ileso
de los peligros de esta apertura.
2. . . Cf6
3 Cf3
Cc6
4 d4
En el parque mi línea favorita era 4 Cg5. Cuando hice esta jugada Marco se quejó de que era una línea de libro preparada. La ventaja de las partidas amistosas sobre las de torneo es que uno puede darle rienda suelta a sus emociones; puede incluso maldecir y no hay reglamento que se oponga.
4. . . Cxe4!?
5 dxe5
Aquí Marco exclamó: "¡Alfil por peón, jaque!" en sentido que había visto la amenaza, "¡Pinche hermano!" (en el parque Marco me había puesto el pleonásmico apodo de "El hermano brother").
5. . .
Cc5
6 Cc3 Ae7
7 Cd5
Recuerdo que me preocupaba el alfil en la casilla c5 y quería eliminarlo lo más pronto posible.
7. . . O-O
8 Cxe7+ Dxe7
9 O-O Ce6
10 c3 b6
11 Ab3 Ab7
12 Te1
Quizá el orden de las últimas jugadas haya sido
inverso. No lo recordé con exactitud a
la hora de transcribir la partida en casa.
12…
Tad8
13 Cd4 Tfe8?
Cuando Marco jugó esto me sorprendí. Creía que, debido a mi siguiente jugada,
tenía que cambiar los caballos. En el
postmortem me dijo que no quería que yo uniera mis peones. En realidad, era necesario tomar el caballo.
14 Cf5 Dc5
15 Dh5!
Si ahora 15… Cxe5; 16 Txe5, ganando.
17. . . g6
16 Ch6+ Rg7
17 Df3 De7
18 Dg3 Rh8
19 Cg4 d6
20 Cf6
Uno de los amigos de Arboledas, Toño Galán, que había estado viendo la partida, me dijo a solas sobre estas últimas jugadas: "C6A ¡y pélas!" (expresión mexicana en sentido que vio que la defensa del negro colapsaba).
20. . . Cxe5
De
otra manera vendría un ataque muy peligroso.
21 Cxe8 Txe8
22 Axe6! Dxe6
Tardé en revalorar esta nueva posición. Aunque en el parque no se jugaban partidas
lentas con reloj, ésta y otras que jugué con Marco, Toño y Enrique fueron
virtuales partidas de torneo. Marco
luego indicó que pensaba jugar 22. . .Cg7 si no hubiera tomado su caballo.
23 Ae3
La
partida está técnicamente ganada, pero ésta fue una celada que Marco no vio.
23. . . c5?
24 f4
Marco hizo una exclamación de enojo y movió la
cabeza. El interés que ambos habíamos
invertido en la partida era considerable.
24. . . Cc6
Marco
aún estaba alterado y visiblemente encabritado cuando hizo esta última jugada.
25 Ad4+
Cxd4
26 Txe6 Cxe6
27 f5!
Si sobrevivió esta partida de las que jugué en
el parque fue por algo que llamó mi atención.
Como anoté en mi diario hace muchos años: " Siempre había querido matar a Marco con un sacrificio de dama justo en la posición de unas jugadas más
adelante, ¿sincronicidad?", refiriéndome
a la teoría de Jung. Aunque ahora soy
escéptico de esa teoría, la coincidencia es interesante: una de las razones que
me movió a anotar la partida.
27. . .
Cg7
28 f6 Cf5
29 Te1
Recuerdo
el sobresalto de Marco cuando vio esta jugada.
29. . . Ae4
30 Df4 d5
31 g4 Ch4
32 Dh6 Cf3+
33 Rf2 Tg8
34 Te3
Esta
la pensé mucho, asegurándome que después de:
34. . . Ce5
yo hiciera inmediatamente el siguiente
seudosacrificio de dama para sorprender a mi amigo:
35 Dxh7+ Se rinde
Marco quitó tanto su rey como mi reina del tablero en
señal de abandono. Tan indignado quedó
por la derrota que apenas si comentamos el postmortem, y a paso veloz se fue al
metro División del Norte mientras, ingenuamente, quería hablar con él después
de tanto de no verlo. Pero para ser
justo con el viejo amigo debo decir que el día siguiente, ya pasados sus
severos humos, me confesó "¡Jugaste muy bien!"
Quisiera decir que conocí a Marco en 1975 jugando una
partida en Arboledas que, por cierto, me ganó con negras. Fue un gran amigo, pero como él decía
ocasionalmente, llegaría el día en que "se multiplicaría por cero". Efectivamente, desapareció: nadie sabe qué
fue de él. Confieso que muchas veces en
que, durante mis caminatas por la zona, voy llegando al parque, no puedo sino
imaginarme que Marco se encuentra sentado en una de las bancas de cemento donde
jugábamos. Pero las mesas de piedra están vacías. . .
Tengo la esperanza que, cuando se publique, este libro
sea el vehículo de contacto con el viejo amigo.
Además de la publicada, duele que otras de las
partidas que jugué con Marco y mis amigos del parque no se hayan
conservado. Cómo me gustaría poseer, por
ejemplo, aquella partida "histórica" en la que, jugando ambos a ciegas, le gané
a Gerardo Brauer en 1978: partida que ameritó una apuesta entre mis admiradores
del parque y los de Gerardo. También
quisiera poder reproducir, en privado, aquella partida de cinco horas que le
gané a Enrique Legorreta delante de su novia, o las que le gané a Gilberto
Rangel en un match que él y yo jugamos en mi casa, o los gambitos Volga que con
las piezas negras le hice a Fernando Pérez Melo. . . Sólo Toño Galán se tomó la molestia de
transcribir algunas de las partidas que jugó en nuestro parque-oasis dentro de
la selva de asfalto, hierro y concreto que es la Ciudad de México. Gracias a su iniciativa ahora puedo, veinte
años después, presentar una de las que jugó con Gilberto.
2 Gilberto - Toño
El
amigo que nunca fue
Se
supone que los hombres debemos ser muy duros, los tough
guys del cine de Hollywood: que no
lloramos y que enfrentamos a solas nuestro dolor. Este código conduce a los varones a buscar
consuelo en el juego; el alcohol; drogas o bálsamos para el aguijón
interno. Gilberto Rangel, uno de los
hijos del parque que más se arrojó a las faldas de Caissa, lucía una cicatriz
permanente en la cara causada por un plato que le aventó su madre. Jamás supe de alguien en el parque que se le
acercara a hablar del maltrato que sufría en el hogar. El jugador es capaz de sentarse años
enfrente de su oponente sin enterarse de nada sobre su
persona. El objeto del tablero entre tipos duros es funcionar como una barrera de incomunicación.
Aquí
veremos qué me pasó cuando quise romper ese código de incomunicación entre
jugadores de ajedrez.
PARTIDA
AMISTOSA
Parque
de Las Arboledas, 1985
APERTURA INGLESA
1. c4
Gilberto siempre jugaba la Inglesa.
c5
2. Cf3 Cc6
3. d4 cxd4
4. Cxd4 Ce5?
5. Cc3!? Cxc4
6. e4 Cb6
7. Ae3 e6
Como yo no fui protagonista de esta partida lo único que puedo hacer
es comentarla desde el punto de vista que más me desagrada: el aspecto lógico
del juego, precisamente como se suele comentar el ajedrez en nuestros tiempos. Me basaré en el análisis de Fritz 8, sistema de cómputo que en esta
posición recomienda 7. . . d6 en lugar de la que jugó Toño. No obstante, puedo decir al menos que, de los
amigos del parque, Gilberto fue el único de nosotros que logró llegar al Campeonato
Nacional Cerrado de México.
8. Ccb5?!
Fritz dice que después de 8. Cdb5! d6, las blancas habrían quedado
claramente mejor. Por cierto, Gilberto
tuvo que abandonar el Campeonato Nacional Cerrado que jugó. Debido a sus nervios se desmayó en una buena
posición que tenía en su partida con Rafael Espinosa (en la partida que sigue
inmediatamente a ésta veremos estos mentados nervios en acción).
8. . . a6
9. Tc1 axb5
10. Cxb5 Ab4+
11. Ad2
Fritz, el temible Golem de silicón, da la línea 11. Re2 Rf8; 12. Dd4 Cd5;
13. exd5 Ae7, que le habría dado clara ventaja a Gilberto.
11. . . Axd2+
La desalmada máquina dice que si Toño hubiera jugado 11. . . Dh4; 12. g4 Axd2+; 13. Dxd2 Dxg4, habría logrado igualar (no se podía 12 . . . Txa2?? por 13. Axb4 Txb2; 14. Cd6+ Rf8; 15. Dd4 Txb4; 16. Dxb4, ganando).
12. Dxd2 Ta4
13. Cc7+ Re7
14. Dg5+?
Según Golem 14. f3! f6; 15. b3 habría mantenido a Gilberto con clara
ventaja, y a la próxima jugada de Toño la da por igualadora.
14. . . Cf6
15. e5 Te4+
Según la máquina, después de 15. . . d5; 16. exf6+,
gxf6; 17. Dh6, y Toño estaría algo mejor.
16. Ae2 Cc4
17. exf6+
Es mejor 17. Txc4 Txc4; 18. Axc4 Dxc7, con igualdad.
17. . . gxf6
18. Dc5+
El ser impasible señala que si 18. Dg7 d5; 19. Tc2, y Toño habría quedado
mejor; aunque la evaluación del programa también deja mejor a las negras con la
textual y con la siguiente:
18. . . d6
19. Db4 Dxc7
20. Txc4 Txc4
21. Axc4 b5
Si 21. . . Dc5; 22. Db3 Da5+; 23. Rd1, y las negras mantienen su ventaja.
22. Dxb5 Ad7
23. Db3??
Toño acierta en ver aquí al error en esta partida de parque. Habría sido mejor que Gilberto jugara la
obvia 23. Db4, que habría conducido a un peleado, aunque ventajoso, final para
el negro.
23. . . Tc8
24. Ae2?
Mala, pero el nervioso de Gilberto estaba perdido también con 24. Ad3
Da5+ 25. Re2 De5+ 26. Rd2 Dg5+ 27. Re2 Dxg2 28. Tf1.
24. . . Da5+
25. Rf1 Tc1+
26. Ad1 Ab5+
27. Rg1 De1 mate
Quisiera confesar lo que en los tiempos en que se
jugaron las partidas de arriba me distanció de Toño: uno de los aficionados más
perspicaces que he conocido.
Al igual que Gilberto, lo que en ese entonces
necesitaba era un amigo que pudiera escucharme sobre el enorme problema que
tenía en el hogar. Pero no tuve a
nadie. . . y cuando me atreví a tocar el tema con Toño se fue a quejar que "todos teníamos problemas", en sentido que mi postura era
egocéntrica. Según me llegó el chisme,
Toño añadió que él era un amigo mío "sólo para hablar de ajedrez".
Si realmente dijo eso, estaba equivocado. Yo no era egocéntrico. La prueba está en que los problemas familiares de Toño con sus hermanos no eran tan graves como para impedirle hacer carrera. Los míos, sí: mis padres no me pagaron la carrera que deseaba y me quedé sin profesión. El que una realidad tan elemental sea imposible de comunicar entre amigos habla mal de la psicología del jugador.
Precisamente porque nuestra sociedad nos tiene prohibido llorar a los hombres, o tener un confidente íntimo, Roger Bayde, otro de nuestros viejos amigos del parque, se suicidó. Roger venía arrastrando un trauma con su madre desde su infancia, pero nadie lo pudo escuchar.
La historia de Roger no es un caso aislado en el
atribulado reino de Caissa. Un hermano
de Iván Rojo, otro de los viejos amigos del parque, se mató de un balazo enfrente de
su papá. De hecho, Iván mismo quedó
psíquicamente trastornado debido al vapuleo que le propinó el padre. Cierta ocasión vimos cómo un señor con
sombrero apareció en un café de aficionados para arrastrarlo de los pelos al sacarlo: la
única vez que vi a su papá. Si así lo
maltrataba en público ¿cómo lo haría en privado?
Podría mencionar otros casos de jugadores de ajedrez que, como Iván, Roger y Gilberto, fueron vapuleados por sus padres y se malograron en la vida. Pero no es necesario. Más bien, y aunque tardíamente, quisiera responderle al amigo que nunca fue:
Qué daría para que entre amigos hubiera un poco más de comunicación,
y un poco menos de ajedrez...
3 César -
Jesper
¡A
la chingada con el ajedrez!
Esta
fue la primera vez que perdió Jesper Norgaard después de que este danés emigrado jugara tres meses en el Club Mercenarios. Al finalizar todos me dieron la mano, cosa
que me llenó de satisfacción, en especial la felicitación de Héctor Busto. Incluso Ricardo Ramírez Honey publicó la
partida en el periódico. Pero no es esa
la razón para recogerla aquí, sino las agonías que anotaba en vivo durante la
partida.
TORNEO
DEL PAVO MERCENARIOS 1992
Ritmo: 2 horas / 45
movimientos
APERTURA RUY LÓPEZ
1 e4
e5
2 Cf3
Cc6
3 Ab5
La
Apertura Ruy López es la favorita de Jesper, pero aquí soy yo quien lleva
blancas. . .
3. . .
a6
4 Aa4
Cf6
5 O-O
Ae7
6 Axc6
dxc6
7 De1!?
La dos veces aplazada variante del cambio que sorprendió a Jesper. La idea es impedir la clavada negra Ag4.
7. . .
Cd7
No era buena 7. . . Ad6 por 8 d4, con fuerte
iniciativa. Con la textual, que es la
que recomienda la teoría, las blancas recuperan el tiempo que perdieron al
cambiar su "alfil español".
8 d4
exd4
9 Cxd4
O-O
10 Cc3
Ce5?
En lugar de esto, Marcel Sisniega jugó 10. . . Af6
contra Roberto Martín del Campo en la primera partida del Campeonato Nacional
Cerrado, jugado tres meses después de mi partida con Jesper, y se impuso en
treinta y cinco movimientos.
11 Cde2
Ac5
Hasta aquí llega la Enciclopedia de Aperturas, que
dictamina juego igualado. Pero la
pobrecita está equivocada. 10. . . Ce5? en
realidad es un error debido a:
12 Rh1!
La idea es f4-f5-f6 con fuerte ataque. Meses después llegó a mis oídos la historia
que le preguntaron a
Jesper sobre esta partida y que había respondido que había caído en una jugada
de laboratorio. Pero no fue exactamente
así. Yo sólo me sabía religiosamente hasta
donde llega la Enciclopedia, y únicamente me di cuenta que estaba equivocada
después de analizar nuestra partida y meditar sobre la misma.
12. . .
f5