En pos de un rey metafórico

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

A Fernando Pérez Melo

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

 

Prefacio                                                                            

 

Capítulo 1   En pos de un rey metafórico                                    

 

Capítulo 2   Qué hacer después de la derrota                               

 

Capítulo 3   Qué hacer en caso de trastorno mental                      

 

    El consejo de Morphy                                                                

    ¿Gran ramera o madre acogedora?                                              

    Índice de partidas                                                                       

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 ¿Pero no se comente una falta de empequeñecimiento humillante con sólo tildar de juego al ajedrez? ¿No es también una ciencia, una técnica... estéril; un pensar que no conduce a nada; una matemática que nada soluciona; un arte sin obras; una arquitectura sin sustancia?

 

Zweig

No hay espectáculo más horrible ni más brutal que ver dos seres que se odian frente a frente y en silencio.

 

Vicente Huidobro

 

Mi nivel de juego está muy por encime de mis resultados.

 

Muchos ajedrecistas

 

  

 


 

 

 

 

 

 

Prefacio

 

 

Cierta vez me dijo mi madre que el ex alcohólico no puede beber una gota de licor so pena de recaer en el vicio. Stefan Zweig, el gran conocedor de las almas torturadas, escribió que, aunque se haya curado, el que ha sufrido una intoxicación ajedrecística haría bien en no acercarse a ningún tablero. Pero para escribir este libro tuve que hacer el esfuerzo de acercarme a un tablero sin recaer en el vicio.

Cuando me senté a escribir me encontraba oficialmente retirado del ajedrez: el único vicio, si así puede llamársele, que he padecido en vida.  Fueron las pláticas con Rafael Martínez, un viejo amigo de un parque donde jugaba ajedrez hace muchos años, lo que me motivó a confesar qué he pensado del juego desde mi retiro.

Mi objetivo al escribir es romper varios tabúes. El primer capítulo, a un nivel que podríamos considerar superficial, toca un tema poco sopesado entre ajedrecistas. Hablo de las vivencias que aquejan al jugador durante la partida: tema que abordo analizando mis emociones en algunas partidas que he jugado en torneos. Son contados los ajedrecistas, y uno de ellos es el mexicano Marcel Sisniega, quienes describen sus estados de ánimo después de las rondas. Pero comparado con Sisniega las descripciones que hago son mucho más crudas y groseras.

El segundo capítulo es iconoclasta. En pocas páginas trato de mostrar que los tratados de ajedrez son malos por no fijarse en la causa básica y fundamental de que algunos jueguen mejor que otros: el diferencial desarrollo neurológico en ciertas áreas entre personas. También aventuro un programa que considero útil para enfrentar las emociones no sólo en la derrota, sino para que el jugador medio entienda y acepte el nivel de la su fuerza ajedrecística.

Hasta acá me refiero a la parte luminosa, aunque a veces no tan luminosa, del juego. Pero lo que justifica el riesgo de haberme acercado a un tablero es sacar a la luz pública la parte oscura del ajedrez, o hablando con propiedad: la parte oscura de los jugadores de ajedrez (Rafael me ha señalado la diferencia entre ajedrecista, el profesional que vive del juego, y el jugador de ajedrez o aficionado común). Parece mentira que, por siglos, los comentaristas, críticos y teóricos del ajedrez hayan eludido el tema de las tragedias personales que han orillado a algunos a buscar consuelo en el juego; tragedias que han devastado la cordura de los maestros e incluso campeones mundiales. Esta obcecación ha existido desde el tratado de 1620 de Gioacchino Greco, considerado el primer profesional de ajedrez, hasta la reciente obra de Kasparov sobre sus "grandes predecesores". El lema del jugador de mesa empedernido parece ser:

Elude el Conocimiento de Ti Mismo

Evita ajustar cuentas con el aguijón existencial que te hizo buscar consuelo en una actividad tan evasiva de las exigencias de la vida como el juego de ajedrez. La vida se nos ha ido a muchos jugadores en esta actividad.  Emanuel Lasker, campeón del mundo de 1894 a 1921, escribió: "No importaría el tiempo que se pierde en el ajedrez si no fuera un síntoma de una enfermedad que ha llegado a nuestra cultura". Y del jugador de ajedrez dijo: "En la vida todos somos chambones". El mismo maestro Alejandro Báez, el mexicano erudito en ajedrez, solía decir que este juego es refugio de fracasados. Pero ya desde el siglo XVII un eclesiástico denostaba al juego en su tratado Las perfidias del ajedrez: "Es un gran dilapidador del tiempo. ¡Cuántas horas preciosas que nunca volverán he perdido pródigamente en este juego!"

Dilapidar las mejores primaveras que nos ha dado la vida es una actividad que debe investigarse. Como dijo Silvano Arieti, para entender los desajustes mentales es pertinente entender el caso más grave de desajuste: la locura. Y entre ajedrecistas es común cruzar la línea del simple vicio a la locura. En el tercer capítulo rompo con el mayor tabú no sólo en la comunidad de jugadores, sino en la humanidad en general. Hablo de la causa de los trastornos mentales y qué podemos hacer cuando un ser querido, jugador o no, sufre una crisis psicótica. El destino de Carlos Torre, el mejor ajedrecista que ha nacido en México, me sirve de paradigma para señalar lo que jamás debemos hacer cuando un familiar sufre una crisis: recurrir al siquiatra.

Después del último capítulo dos apéndices contradictorios entre sí apostillan lo que pienso del juego.

Juan Obregón, quien me proporcionó algunos datos sobre Carlos Torre, probablemente posee el mayor número de entrevistas de gente que conoció al gran maestro mexicano. Pero sin la ayuda de don Alfonso Ferriz, el gran amante del juego-ciencia en México, me habría sido imposible recopilar la información más relevante sobre Torre. Me apena que mis conclusiones de esa misma información que Ferriz tan generosamente me proporcionó arrojen una sombra sobre esta estupenda persona que es don Alfonso; y publico este librito no sin cierto remordimiento y sólo con el fin de sacar a la luz asuntos que seguramente contribuirán a la evolución del pensamiento humano.

 

Colonia Narvarte, septiembre de 2004

(corregido y actualizado en 2007)

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo  1

————————————

 

En pos de un rey metafórico

 

 

 

 

 

 

 

 

  Al principio de la lucha ajedrecística se debe aspirar a ganar espacio y material; pero todos los esfuerzos se dirigen, en el fondo, a la consecución del mate, a la idea de capturar la pieza enemiga más importante. Y no importa lo altos que sean los sacrificios de material, espacio y tiempo necesarios para obtener dicho objetivo. Por eso el ajedrez es tan útil, por eso resulta tan atrayente; porque evoca (a veces de manera inconsciente) la aspiración del hombre a un ideal, la alegría de sacrificarse por una idea.

 

Alekhine

 

 

 

 

 

Z

weig no estaría de acuerdo con Alekhine, quien fuera campeón del mundo de 1927 hasta su muerte. En su novelette Una partida de ajedrez ve las cosas de manera inversa al epígrafe de Alekhine, y no resisto la tentación de citarlo una vez más: "Cuán difícil y aun imposible resulta imaginarse la vida de un hombre intelectualmente activo para quien el mundo se reduce de un modo exclusivo a la estrecha vía entre blanco y negro. . . ; un hombre, un ente espiritual que, sin volverse demente, dedica en el transcurso de diez, de veinte, de treinta y aún de cuarenta años, una y otra vez, toda la elasticidad de su pensar al ridículo afán de perseguir un rey de madera sobre un tablero de madera".

Zweig tenía razón. La vida del ajedrecista común rebasa la mera intoxicación del juego: es un encierro en una concha de caracol que debe tener motivos recónditos no entendidos por los ajedrecistas mismos. Pero para desentrañar esos motivos no tengo más remedio que analizarme a mí y a mis rivales comenzando por algunas de las partidas que he jugado. Este librito no sólo está escrito para el aficionado. Si el lector no es jugador de ajedrez puede ignorar la anotación algebraica de las partidas que aparecen en este capítulo y leer exclusivamente mis comentarios literarios.

Se me dirá que se aprenderá muy poco estudiando mis partidas o las de cualquier otro jugador que no sea un GM: un Gran Maestro del tablero. Dudo que eso sea verdad. Las derrotas que nos causan humillación las experimentamos todos: campeones, maestros, jugadores del club y aficionados comunes; y la mejor terapia, tanto para el profesional como para el amateur es meditar, y eventualmente escribir, sobre lo que nos ha lastimado.

Presento tres partidas que jugué con seres humanos; una que jugué con mi computadora, y otra que dos que mis viejos amigos jugaron hace mucho entre ellos. Respecto a las que jugué con humanos, los aficionados sabemos que cae muy gordo que un no GM publique sus victorias, y confieso que lo hago con rubor. Pero no es el contenido ajedrecístico de esas partidas, sino el psicológico, lo que me atañe; y no puedo escribir un testimonio confesional sobre una mente ajena. Sí puedo, en cambio, hablar de mí mismo: de mis emociones y sufrimientos durante esas partidas.

Las papeletas de las partidas que jugué en los torneos durante mi adolescencia y veintes se han perdido. En esa época cruzaba por una gran tormenta familiar y me deshice tanto de mi biblioteca de ajedrez como de mi equipo: una historia que he escuchado de otros jóvenes. Fue precisamente debido a los problemas en el hogar por lo que, como muchos otros, me refugié en las faldas de Caissa. No conservé mis partidas juveniles de los torneos, cuando realmente me enamoré de la diosa del ajedrez, por la sencilla razón de que mis problemas familiares ahogaban todo interés de conservarlas. Dos de las partidas recogidas aquí las jugué a mis treintas, cuando la tormenta familiar había pasado.

Mi propuesta en este capítulo es invitar al jugador a hablar de sus emociones a través de sus propias partidas. El aficionado podrá jugar con mucho más confianza después de analizar formalmente esas emociones, de conocerse un poco mejor.  Es una terapia no sólo sobre nuestras derrotas y descalabros: también tenemos que explicarnos por qué algunos jugadores de ajedrez sufrimos tanto al arrancarle al oponente una victoria.

Las causas por las que el ajedrecista sufre son complejas. Al carecer de toda endospección o insight Carlos Torre estropeó su carrera ajedrecística apenas iniciada. Lo que muchos ajedrecistas profesionales y aficionados comunes evaden es el conocimiento de cómo fueron tratados de chicos y se refugian en Caissa como lo hice de adolescente.

Apenas se ha intentado escribir sobre la psicología del jugador de ajedrez desde las vivencias internas de un aficionado. Y menos aún se ha tratado de explicar la causa de la intoxicación del juego en base a las experiencias en la infancia haciendo a un lado las sofisterías sobre la mente humana que se pusieron de moda el siglo pasado y continúan en el presente. De los aficionados que conozco nadie toma en serio, por ejemplo, el estudio del psicoanalista Reuben Fine, Psicología del jugador de ajedrez. Fine alega que el simbolismo fálico del juego es patente: que el rey representa al pene; el mate, a la castración, y otras sublimes tonterías. El mismo Ernest Jones, el acólito más ortodoxo de Freud y un gran aficionado al ajedrez, especula estúpidamente sobre "la madre y el pene paterno" al abordar el simple hecho del cambio de la figura del gran visir en reina cuando el juego se transformó en su paso del mundo árabe a occidente.

Es con el deseo de mostrar al jugador desde adentro, más que desde teorías analíticas de nulo valor, por lo que presento mis confesiones íntimas, así como algunas observaciones sobre mis oponentes.

 

 

 

 

1    César  -  Marco

 

El parque que me acogió

 

Esta partida fue jugada en un lugar que me evoca gran nostalgia: un parque donde jugaba ajedrez en la Colonia del Valle de la Ciudad de México. Este parque me acogió en mi adolescencia cuando huí de una familia y escuela en extremo abusivas; y era un lugar distinto a los parques públicos donde solía refugiarse el lumpen marginado a jugar ajedrez y dominó. Cierto que al ser repudiado por mis padres me encontré tan marginado como ellos, pero en el Parque de Las Arboledas se respiraba un nivel cultural muy distinto del de las carpas de la perdición que pululaban en el centro de México. Fue ahí, en ese entonces despejado parque lejos de la plebe, donde realmente aprendí a jugar al ajedrez.

 

 

PARTIDA AMISTOSA

 

Parque de Las Arboledas

DEFENSA DE LOS DOS CABALLOS

 

  1 e4             e5           

  2 Ac4        

 

Esta era mi jugada favorita en el parque. Gané innumerables partidas con 1 P4R, P4R; 2 A4A, como se decía entonces. La idea no era jugar la Apertura de Alfil, sino hacer pedazos a mis amigos en la trasposición a la Defensa de los Dos Caballos, cuya teoría muy pocos conocían. En esta partida Marco jugó bien y salió ileso de los peligros de esta apertura.

 

  2. . .                Cf6          

  3 Cf3            Cc6          

  4 d4

 

En el parque mi línea favorita era 4 Cg5. Cuando hice esta jugada Marco se quejó de que era una línea de libro preparada. La ventaja de las partidas amistosas sobre las de torneo es que uno puede darle rienda suelta a sus emociones; puede incluso maldecir y no hay reglamento que se oponga.

 

  4. . .             Cxe4!?

  5 dxe5

 

Aquí Marco exclamó: "¡Alfil por peón, jaque!" en sentido que había visto la amenaza, "¡Pinche hermano!" (en el parque Marco me había puesto el pleonásmico apodo de "El hermano brother").

 

  5. . .               Cc5

  6 Cc3            Ae7

  7 Cd5

 

Recuerdo que me preocupaba el alfil en la casilla c5 y quería eliminarlo lo más pronto posible.

 

  7. . .               O-O          

  8 Cxe7+          Dxe7         

  9 O-O            Ce6          

 10 c3               b6           

 11 Ab3            Ab7          

 12 Te1

 

Quizá el orden de las últimas jugadas haya sido inverso. No lo recordé con exactitud a la hora de transcribir la partida en casa.

 

 12…             Tad8         

 13 Cd4           Tfe8?

 

Cuando Marco jugó esto me sorprendí. Creía que, debido a mi siguiente jugada, tenía que cambiar los caballos. En el postmortem me dijo que no quería que yo uniera mis peones. En realidad, era necesario tomar el caballo.

 

 14 Cf5            Dc5          

 15 Dh5!

 

Si ahora 15… Cxe5; 16 Txe5, ganando.

 

 17. . .                g6

 16 Ch6+         Rg7          

 17 Df3            De7          

 18 Dg3           Rh8

 19 Cg4           d6           

 20 Cf6

 

Uno de los amigos de Arboledas, Toño Galán, que había estado viendo la partida, me dijo a solas sobre estas últimas jugadas: "C6A ¡y pélas!" (expresión mexicana en sentido que vio que la defensa del negro colapsaba).

 

  20. . .                      Cxe5         

 

De otra manera vendría un ataque muy peligroso.

 

  21 Cxe8           Txe8         

  22 Axe6!          Dxe6         

 

Tardé en revalorar esta nueva posición. Aunque en el parque no se jugaban partidas lentas con reloj, ésta y otras que jugué con Marco, Toño y Enrique fueron virtuales partidas de torneo. Marco luego indicó que pensaba jugar 22. . .Cg7 si no hubiera tomado su caballo.

 

 23 Ae3

 

La partida está técnicamente ganada, pero ésta fue una celada que Marco no vio.

 

  23. . .                           c5?

  24 f4

 

Marco hizo una exclamación de enojo y movió la cabeza. El interés que ambos habíamos invertido en la partida era considerable.

 

  24. . .                        Cc6      

 

Marco aún estaba alterado y visiblemente encabritado cuando hizo esta última jugada.

 

 25 Ad4+          Cxd4         

 26 Txe6           Cxe6         

 27 f5!

 

Si sobrevivió esta partida de las que jugué en el parque fue por algo que llamó mi atención. Como anoté en mi diario hace muchos años: " Siempre había querido matar a Marco con un sacrificio de dama justo en la posición de unas jugadas más adelante, ¿sincronicidad?", refiriéndome a la teoría de Jung. Aunque ahora soy escéptico de esa teoría, la coincidencia es interesante: una de las razones que me movió a anotar la partida.

 

 27. . .              Cg7          

 28 f6             Cf5          

 29 Te1   

 

Recuerdo el sobresalto de Marco cuando vio esta jugada.

 

 29. . .               Ae4          

 30 Df4            d5           

 31 g4              Ch4           

 32 Dh6           Cf3+         

 33 Rf2            Tg8          

 34 Te3

 

Esta la pensé mucho, asegurándome que después de:

 

  34. . .              Ce5          

 

yo hiciera inmediatamente el siguiente seudosacrificio de dama para sorprender a mi amigo:

 

 35 Dxh7+      Se rinde

 

Marco quitó tanto su rey como mi reina del tablero en señal de abandono. Tan indignado quedó por la derrota que apenas si comentamos el postmortem, y a paso veloz se fue al metro División del Norte mientras, ingenuamente, quería hablar con él después de tanto de no verlo. Pero para ser justo con el viejo amigo debo decir que el día siguiente, ya pasados sus severos humos, me confesó "¡Jugaste muy bien!"

Quisiera decir que conocí a Marco en 1975 jugando una partida en Arboledas que, por cierto, me ganó con negras. Fue un gran amigo, pero como él decía ocasionalmente, llegaría el día en que "se multiplicaría por cero". Efectivamente, desapareció: nadie sabe qué fue de él. Confieso que muchas veces en que, durante mis caminatas por la zona, voy llegando al parque, no puedo sino imaginarme que Marco se encuentra sentado en una de las bancas de cemento donde jugábamos. Pero las mesas de piedra están vacías. . .

Tengo la esperanza que, cuando se publique, este libro sea el vehículo de contacto con el viejo amigo.

Además de la publicada, duele que otras de las partidas que jugué con Marco y mis amigos del parque no se hayan conservado. Cómo me gustaría poseer, por ejemplo, aquella partida "histórica" en la que, jugando ambos a ciegas, le gané a Gerardo Brauer en 1978: partida que ameritó una apuesta entre mis admiradores del parque y los de Gerardo. También quisiera poder reproducir, en privado, aquella partida de cinco horas que le gané a Enrique Legorreta delante de su novia, o las que le gané a Gilberto Rangel en un match que él y yo jugamos en mi casa, o los gambitos Volga que con las piezas negras le hice a Fernando Pérez Melo. . . Sólo Toño Galán se tomó la molestia de transcribir algunas de las partidas que jugó en nuestro parque-oasis dentro de la selva de asfalto, hierro y concreto que es la Ciudad de México. Gracias a su iniciativa ahora puedo, veinte años después, presentar una de las que jugó con Gilberto.

 

 

 

2    Gilberto  -  Toño

 

El amigo que nunca fue

 

Se supone que los hombres debemos ser muy duros, los tough guys del cine de Hollywood: que no lloramos y que enfrentamos a solas nuestro dolor. Este código conduce a los varones a buscar consuelo en el juego; el alcohol; drogas o bálsamos para el aguijón interno. Gilberto Rangel, uno de los hijos del parque que más se arrojó a las faldas de Caissa, lucía una cicatriz permanente en la cara causada por un plato que le aventó su madre. Jamás supe de alguien en el parque que se le acercara a hablar del maltrato que sufría en el hogar. El jugador es capaz de sentarse años enfrente de su oponente sin enterarse de nada sobre su persona. El objeto del tablero entre tipos duros es funcionar como una barrera de incomunicación.

Aquí veremos qué me pasó cuando quise romper ese código de incomunicación entre jugadores de ajedrez.

 

PARTIDA AMISTOSA

 

Parque de Las Arboledas, 1985

APERTURA INGLESA

 

1. c4

 

Gilberto siempre jugaba la Inglesa.

                   c5

2. Cf3         Cc6

3. d4           cxd4

4. Cxd4      Ce5?

5. Cc3!?     Cxc4

6. e4           Cb6

7. Ae3         e6

 

Como yo no fui protagonista de esta partida lo único que puedo hacer es comentarla desde el punto de vista que más me desagrada: el aspecto lógico del juego, precisamente como se suele comentar el ajedrez en nuestros tiempos. Me basaré en el análisis de Fritz 8, sistema de cómputo que en esta posición recomienda 7. . . d6 en lugar de la que jugó Toño. No obstante, puedo decir al menos que, de los amigos del parque, Gilberto fue el único de nosotros que logró llegar al Campeonato Nacional Cerrado de México.

 

8. Ccb5?!

 

Fritz dice que después de 8. Cdb5! d6, las blancas habrían quedado claramente mejor. Por cierto, Gilberto tuvo que abandonar el Campeonato Nacional Cerrado que jugó. Debido a sus nervios se desmayó en una buena posición que tenía en su partida con Rafael Espinosa (en la partida que sigue inmediatamente a ésta veremos estos mentados nervios en acción).

 

8. . .              a6

9. Tc1         axb5

10. Cxb5    Ab4+

11. Ad2

 

Fritz, el temible Golem de silicón, da la línea 11. Re2 Rf8; 12. Dd4 Cd5; 13. exd5 Ae7, que le habría dado clara ventaja a Gilberto.

 

11. . .            Axd2+

 

La desalmada máquina dice que si Toño hubiera jugado 11. . . Dh4; 12. g4 Axd2+; 13. Dxd2 Dxg4, habría logrado igualar (no se podía 12 . . . Txa2?? por 13. Axb4 Txb2; 14. Cd6+ Rf8; 15. Dd4 Txb4; 16. Dxb4, ganando).

 

12. Dxd2      Ta4

13. Cc7+       Re7

14. Dg5+?

 

Según Golem 14. f3! f6; 15. b3 habría mantenido a Gilberto con clara ventaja, y a la próxima jugada de Toño la da por igualadora.

 

14. . .               Cf6

15. e5            Te4+

 

Según la máquina, después de 15. . . d5; 16. exf6+, gxf6; 17. Dh6, y Toño estaría algo mejor.

16. Ae2          Cc4

17. exf6+

 

Es mejor 17. Txc4 Txc4; 18. Axc4 Dxc7, con igualdad.

 

17. . .                gxf6

18. Dc5+

 

El ser impasible señala que si 18. Dg7 d5; 19. Tc2, y Toño habría quedado mejor; aunque la evaluación del programa también deja mejor a las negras con la textual y con la siguiente:

 

18. . .                d6

19. Db4          Dxc7

20. Txc4         Txc4

21. Axc4         b5

 

Si 21. . . Dc5; 22. Db3 Da5+; 23. Rd1, y las negras mantienen su ventaja.

 

22. Dxb5         Ad7

23. Db3??

 

Toño acierta en ver aquí al error en esta partida de parque. Habría sido mejor que Gilberto jugara la obvia 23. Db4, que habría conducido a un peleado, aunque ventajoso, final para el negro.

 

23. . .               Tc8

24. Ae2?

 

Mala, pero el nervioso de Gilberto estaba perdido también con 24. Ad3 Da5+ 25. Re2 De5+ 26. Rd2 Dg5+ 27. Re2 Dxg2 28. Tf1.

 

24. . .            Da5+

25. Rf1       Tc1+

26. Ad1      Ab5+

27. Rg1      De1  mate

 

 

Quisiera confesar lo que en los tiempos en que se jugaron las partidas de arriba me distanció de Toño: uno de los aficionados más perspicaces que he conocido.

Al igual que Gilberto, lo que en ese entonces necesitaba era un amigo que pudiera escucharme sobre el enorme problema que tenía en el hogar. Pero no tuve a nadie. . . y cuando me atreví a tocar el tema con Toño se fue a quejar que "todos teníamos problemas", en sentido que mi postura era egocéntrica. Según me llegó el chisme, Toño añadió que él era un amigo mío "sólo para hablar de ajedrez".

Si realmente dijo eso, estaba equivocado. Yo no era egocéntrico. La prueba está en que los problemas familiares de Toño con sus hermanos no eran tan graves como para impedirle hacer carrera. Los míos, sí: mis padres no me pagaron la carrera que deseaba y me quedé sin profesión. El que una realidad tan elemental sea imposible de comunicar entre amigos habla mal de la psicología del jugador.

Precisamente porque nuestra sociedad nos tiene prohibido llorar a los hombres, o tener un confidente íntimo, Roger Bayde, otro de nuestros viejos amigos del parque, se suicidó. Roger venía arrastrando un trauma con su madre desde su infancia, pero nadie lo pudo escuchar.

La historia de Roger no es un caso aislado en el atribulado reino de Caissa. Un hermano de Iván Rojo, otro de los viejos amigos del parque, se mató de un balazo enfrente de su papá. De hecho, Iván mismo quedó psíquicamente trastornado debido al vapuleo que le propinó el padre. Cierta ocasión vimos cómo un señor con sombrero apareció en un café de aficionados para arrastrarlo de los pelos al sacarlo: la única vez que vi a su papá. Si así lo maltrataba en público ¿cómo lo haría en privado? 

Podría mencionar otros casos de jugadores de ajedrez que, como Iván, Roger y Gilberto, fueron vapuleados por sus padres y se malograron en la vida. Pero no es necesario. Más bien, y aunque tardíamente, quisiera responderle al amigo que nunca fue:

Qué daría para que entre amigos hubiera un poco más de comunicación,

y un poco menos de ajedrez...

 

 

 

 

3      César  -  Jesper

 

 

¡A la chingada con el ajedrez!

 

Esta fue la primera vez que perdió Jesper Norgaard después de que este danés emigrado jugara tres meses en el Club Mercenarios. Al finalizar todos me dieron la mano, cosa que me llenó de satisfacción, en especial la felicitación de Héctor Busto. Incluso Ricardo Ramírez Honey publicó la partida en el periódico. Pero no es esa la razón para recogerla aquí, sino las agonías que anotaba en vivo durante la partida.

 

 

TORNEO DEL PAVO MERCENARIOS 1992

 

Ritmo:  2 horas / 45 movimientos

APERTURA RUY LÓPEZ

 

1 e4           e5

2 Cf3           Cc6

3 Ab5  

 

La Apertura Ruy López es la favorita de Jesper, pero aquí soy yo quien lleva blancas. . .

 

3. . .                a6

4 Aa4           Cf6

5 O-O           Ae7

6 Axc6           dxc6

7 De1!?

 

La dos veces aplazada variante del cambio que sorprendió a Jesper. La idea es impedir la clavada negra Ag4.

 

7. . .                Cd7

 

No era buena 7. . . Ad6 por 8 d4, con fuerte iniciativa. Con la textual, que es la que recomienda la teoría, las blancas recuperan el tiempo que perdieron al cambiar su "alfil español".

 

8 d4                 exd4

9 Cxd4            O-O

10 Cc3            Ce5?

 

En lugar de esto, Marcel Sisniega jugó 10. . . Af6 contra Roberto Martín del Campo en la primera partida del Campeonato Nacional Cerrado, jugado tres meses después de mi partida con Jesper, y se impuso en treinta y cinco movimientos.

 

11 Cde2           Ac5

 

Hasta aquí llega la Enciclopedia de Aperturas, que dictamina juego igualado. Pero la pobrecita está equivocada. 10. . . Ce5? en realidad es un error debido a:

 

12 Rh1!

 

La idea es f4-f5-f6 con fuerte ataque. Meses después llegó a mis oídos la historia que le preguntaron a Jesper sobre esta partida y que había respondido que había caído en una jugada de laboratorio. Pero no fue exactamente así. Yo sólo me sabía religiosamente hasta donde llega la Enciclopedia, y únicamente me di cuenta que estaba equivocada después de analizar nuestra partida y meditar sobre la misma.

 

12. . .                f5